Del 7 de octubre al 4 de noviembre, el Paseo de Coches del Parque de El Retiro se transforma en una galería al aire libre para rendir homenaje a Madrid y a quienes la viven cada día. En el tramo comprendido entre la Puerta de Madrid y el Paseo del Salvador, la ciudad se mira a sí misma a través del objetivo de cientos de fotógrafos, en una exposición que invita a descubrir su espíritu inquieto, diverso y vibrante.
La muestra, organizada por Cultura Inquieta con el apoyo de Iberdrola, reúne 254 fotografías que componen un mosaico visual de la capital. En ella se exhiben las 14 imágenes ganadoras y todas las finalistas del certamen fotográfico Madrid Inquieto, junto con una amplia selección de obras de casi doscientos autores y autoras que participaron en la convocatoria.
El concurso, lanzado el pasado mes de junio a través de Instagram, convocó tanto a fotógrafos profesionales como a aficionados a compartir su mirada personal sobre la ciudad. La respuesta fue masiva: más de 15.000 imágenes que capturan los múltiples rostros de Madrid —sus calles, su arquitectura, sus habitantes y su luz cambiante— desde perspectivas que van del retrato íntimo a la fotografía urbana, pasando por el paisaje, la escena cotidiana y los detalles que dan vida a lo ordinario.
Para la selección final, el equipo de Cultura Inquieta valoró no solo la calidad técnica y estética de las obras, sino también su capacidad de transmitir emoción, contar historias y reflejar el pulso humano que late en cada rincón de la ciudad. El resultado es una exposición que combina talento emergente y mirada consolidada, ofreciendo una radiografía emocional y contemporánea de Madrid.
Entre las imágenes premiadas, me ha alegrado especialmente encontrar una fotografía de mi amigo Tino Morán Alba, reconocida por el jurado entre las ganadoras. Su trabajo, lleno de sensibilidad y mirada urbana, aporta una perspectiva cercana y auténtica que encarna el espíritu del certamen.
El Paseo de Coches de El Retiro, uno de los espacios más emblemáticos del parque, se convierte así en un escenario cultural y punto de encuentro para vecinos y visitantes. Durante un mes, la fotografía se desplegará entre los árboles como una memoria colectiva que celebra la identidad madrileña y su inagotable capacidad de inspirar.
Una cita imprescindible para quienes aman la fotografía, la ciudad y las historias que se esconden tras cada imagen.
