La Fundación Alberto Cruz (República Dominicana), en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid y con el acompañamiento del Estate Quisqueya Henríquez, inaugura El centro puede estar en todas partes, una exposición monográfica dedicada a la trayectoria de Quisqueya Henríquez (La Habana, 1966 – Santo Domingo, 2024), artista cubano-dominicana cuya obra ha trascendido y ha sido clave en el desarrollo del arte contemporáneo en el Caribe y America Latina, e influyendo en otros contextos internacionales durante los últimos cuarenta años. La exposición podrá visitarse hasta el 26 de abril en el Centro Arte Complutense (c arte c) con entrada libre.
La muestra ha sido comisariada por el curador invitado René Morales, junto a Isabella Lenzi y Alfonsina Martínez, directora artística y curadora de la Fundación Alberto Cruz, respectivamente. Se trata de la revisión más completa de su obra realizada hasta la fecha en Europa y constituye una oportunidad fundamental para situar su producción dentro de las narrativas del arte contemporáneo global. El proyecto busca ampliar la proyección internacional de la artista, promoviendo un diálogo transnacional en torno a su legado y consolidando un puente cultural entre América Latina, el Caribe y Europa, con Madrid como puerta de entrada y plataforma de acceso clave al circuito artístico del continente.
A través de un conjunto significativo de piezas que abarca desde sus primeras producciones hasta sus últimos proyectos, y estructurada en cinco grandes secciones, la exposición propone un recorrido crítico por los principales núcleos conceptuales que articularon su práctica: la ciudad como espacio de fricción y representación, la revisión crítica de la historia del arte occidental, los modos de producción y circulación de imágenes y mercancías, las particularidades del contexto insular, la hibridez cultural o los estereotipos asociados a lo caribeño.
Así, la obras seleccionadas por el equipo curatorial reflejan el carácter marcadamente multidisciplinar de la práctica artística de Quisqueya Henríquez, incluyendo instalaciones, vídeos, collages, fotografías, pinturas, esculturas y performances, ofreciendo una visión panorámica y transversal de su trayectoria, desde un enfoque más discursivo y cargado de ironía, hasta otro caracterizado por una incansable experimentación plástica y una dedicación a la cultura material vernácula.
Con este proyecto expositivo, la Fundación Alberto Cruz reafirma su compromiso con la difusión del arte dominicano y caribeño, impulsando su proyección internacional a través de iniciativas culturales que reconocen su valor artístico, social y cultural, tanto a nivel local como en el contexto artístico global.
Cuestionar las estructuras de poder a través del arte
La carrera artística de Quisqueya Henríquez es una de las más impactantes y reconocidas de las últimas cuatro décadas en el Caribe. Su sentido crítico, fusionado con un agudo sentido del humor, convirtió su producción artística en una herramienta capaz de cuestionar las estructuras de poder que jerarquizan las expresiones culturales en función de la nacionalidad, la condición socioeconómica o el género.
A lo largo de su trayectoria, la artista se mantuvo profundamente conectada tanto con las corrientes artísticas internacionales como con las realidades cotidianas de la República Dominicana. Esta posición supuso una práctica radicalmente multidisciplinar, en la que experimentó de manera constante con técnicas, materiales, texturas y lenguajes diversos.
La exposición permite recorrer esta diversidad de enfoques, desde su compromiso con el fotoconceptualismo, el videoarte y el objet trouvé, hasta su profunda implicación con la técnica del collage. También visibiliza sus incursiones en el arte digital y la pintura abstracta, así como sus proyectos efímeros y participativos, en los que el público desempeña un papel activo y completa la obra.
Las piezas se distribuyen en las salas del c arte c en cinco secciones que abordan los principales núcleos conceptuales que atraviesan su producción. Así, la exposición abre con El mito de la insularidad, apartado centrado en reflexionar sobre los estereotipos que durante décadas han distorsionado la comprensión del Caribe y de sus habitantes.
Tras su regreso a la República Dominicana en 1997, después de graduarse en el Instituto Superior de Arte de La Habana y de residir varios años en Ciudad de México y Miami, Henríquez centra su mirada en ironizar sobre la construcción del Caribe como paraíso remoto. Obras como Helado de agua del mar Caribe, que juega con el estereotipo del temperamento “caliente” atribuido a las personas caribeñas, o la película The World Outside, filmada durante tres años desde la terraza de su apartamento en el barrio de Gazcue, en Santo Domingo, confrontan la utopía con la verdadera naturaleza caribeña: un territorio que, lejos de ser aislado, está hiperconectado y profundamente atravesado por fuerzas políticas globales.
El recorrido continúa con Quimeras, en donde se reúnen piezas elaboradas mediante la técnica del collage. En este apartado se encuentran composiciones como Body Reconstructions, serie en la que reflexiona sobre los mandatos que regulan la imagen corporal y las presiones que recaen en las mujeres dominicanas para ajustarse a los ideales estéticos. También obras que entroncan conceptos relacionados con la hibridación, como el sincretismo o la criollización, entendidos como procesos en los que aspectos de culturas dispares se fusionan y recombinan generando nuevos híbridos como resultado de la colonización y la migración masiva.
A lo largo de los años y en su búsqueda de nuevos materiales, Henríquez fue sintiéndose cada vez más atraída por la estética de la economía informal de Santo Domingo. Así, su práctica quedó arraigada a la cultura material y la experiencia cotidiana de la vida en la República Dominicana, al mismo tiempo que dialogó profundamente con las tendencias y discursos artísticos internacionales. En Maximalismo vernáculo se reúnen obras que retratan el caos de los mercados al aire libre, donde la artista descubrió un nuevo universo que la llevó a incorporar a su creación colores caleidoscópicos y diseños geométricos laberínticos.
En esta línea se presentan series como Formal/Informal, que refleja el aprecio de Quisqueya por las prácticas creativas locales, en diálogo con su interés por el diseño modernista del siglo XX. En estas piezas, la artista reúne réplicas de mobiliario emblemático de figuras como Marcel Breuer o Le Corbusier, recubriéndolas con ornamentaciones habituales de las calles de Santo Domingo — presentes en postes de vallas, cuadros de bicicletas o volantes de autobuses—, cuestionando así la jerarquía entre la llamada “alta cultura” y la “baja cultura”.
En contraposición a la ciudad caótica que tanto inspiró su trabajo, la artista cultivó también una relación íntima con la naturaleza en el frondoso entorno de Las Terrenas, al noreste de la República Dominicana, donde se trasladó durante el confinamiento por la COVID-19 en 2020. En ese periodo, Henríquez organizó una exposición al aire libre en el jardín de su casa, compartida en redes sociales, en la que dispuso pequeñas composiciones inspiradas en patrones vegetales. El jardín de Quisqueya da cuenta de esta etapa, en la que estudió las formas y texturas de la vegetación local e incorporó a su proceso materiales naturales como rocas, hojas.
El recorrido de la muestra culmina con Aliento colectivo, una sección en la que el espíritu de colaboración y comunidad que atraviesa el trabajo de Quisqueya adquiere una forma tangible. Si bien su obra se nutre de la riqueza y complejidad de su isla para conformar un corpus artístico sólido e inspirador, su legado destaca especialmente por la centralidad que otorgó a la creación colectiva y al apoyo a otros artistas, artesanos y trabajadores del sector cultural.
La artista entendía lo común no como un mero marco productivo, sino como una herramienta para ganar autonomía y ampliar los circuitos de encuentro, intercambio y circulación del arte. Desde esta convicción, en 2015 fundó junto a los artistas Laura Castro y Engel Leonardo la plataforma Sindicato, un proyecto híbrido entre lo curatorial y lo comercial que respondía a algunas de las necesidades de la escena dominicana, como el impulso de espacios autogestionados o la articulación de redes de colaboración entre el Caribe, Centroamérica y Latinoamérica.
En definitiva, El centro puede estar en todas partes ofrece una aproximación integral a la obra de una artista de sensibilidad visual única, capaz de seducir e interpelar al espectador a través de un trabajo tan impactante como, por momentos, surrealista, mordaz y tierno. Con esta exposición, la Universidad Complutense de Madrid y la Fundación Alberto Cruz reafirman su compromiso con el impulso de proyectos culturales de interés público y con la difusión de prácticas artísticas contemporáneas de relevancia internacional.
En este contexto, ambas instituciones han diseñado un programa de actividades paralelas que permitirá al público profundizar en el universo artístico y crítico de la artista. Entre ellas destaca la activación de One Day Left, acción histórica concebida por Henríquez en 2004, que se llevará a cabo con motivo de la inauguración de la muestra. El proyecto consiste en la presencia de una arreglista floral que trabaja en un arreglo de gran formato compuesto por flores a las que les queda un solo día de vida, proponiendo una reflexión sobre las respuestas individuales ante situaciones de adversidad en distintos ámbitos de la experiencia humana.
Por último, durante los meses en los que la exposición permanezca abierta al público, se desarrollará un completo programa de mediación cultural que incluirá visitas guiadas a cargo de los comisarios, así como charlas, conferencias y otras actividades orientadas a fomentar el diálogo y la reflexión en torno a la obra de Quisqueya Henríquez, una artista que supo combinar una estética refinada, humor lúdico y experiencia sensorial.
Quisqueya Henríquez
Quisqueya Henríquez nació en La Habana, Cuba, en 1966. Radicada durante gran parte de su vida en la República Dominicana, Henríquez desarrolló una obra multidisciplinar que abarca medios como la instalación, el video, la fotografía, la escultura, el collage y el performance. Su trabajo se caracteriza por una investigación sobre las nociones de identidad, género y cultura visual desde una perspectiva caribeña y poscolonial. Henríquez abordó con ironía y lucidez los imaginarios tropicales y caribeños, la historia del arte occidental y las tensiones entre lo local y lo global.
A lo largo de su carrera expuso en instituciones como el Bronx Museum of the Arts (Nueva York), Pérez Art Museum (Miami), Museo del Barrio (Nueva York), Museo Tamayo (Ciudad de México) y el Museo de Arte Moderno de Santo Domingo, entre otros. Fue una figura central en la escena artística dominicana y caribeña, y una de las voces más potentes en la crítica de los discursos hegemónicos del arte contemporáneo.
Sobre la Fundación Alberto Cruz
La Fundación Alberto Cruz es una organización sin ánimo de lucro creada con la misión de promover el arte y la cultura de República Dominicana y su diáspora mediante el apoyo, la investigación, preservación y difusión de la producción de sus artistas y agentes culturales. Su objetivo es fomentar los procesos de creación, el intercambio de saberes, el pensamiento crítico y la apreciación del arte en República Dominicana a través de exposiciones, programas públicos y publicaciones, entre otras actividades.
La Fundación busca ampliar el reconocimiento del valor estético, educativo y social del trabajo artístico en el contexto local, y fomentar el acceso al arte y la cultura dominicanos de manera inclusiva, resaltando su papel en la transformación de la sociedad. A nivel global, la Fundación busca fortalecer y ampliar la presencia de artistas y agentes culturales dominicanos en la escena artística internacional, promoviendo una visión profunda y diversa de su producción.
