Percibo en esta nueva exposición una presencia cada vez más intensa de la imaginación, que parece imponerse con naturalidad sobre el clásico trabajo de taller que ha definido durante décadas la trayectoria de Chema Madoz. El resultado es una muestra que, en mi opinión, se sitúa entre las citas imprescindibles del panorama artístico actual.
La Galería Elvira González acoge esta quinta exposición individual del fotógrafo en el marco del PHotoESPAÑA 2026, consolidando una colaboración sostenida en el tiempo. La muestra reúne 34 fotografías realizadas entre 2024 y 2025, una selección que permite adentrarse en la evolución más reciente de su lenguaje visual.
Al recorrerla, reconozco una coherencia absoluta con su práctica artística: Madoz continúa trabajando con objetos cotidianos, que fotografía en su estudio con luz natural. Sin embargo, lo que podría parecer un punto de partida simple se convierte en un territorio fértil para la intuición y el hallazgo. Su obra, con raíces en el surrealismo y ecos evidentes de René Magritte, parte siempre de esa chispa inicial del descubrimiento. Como él mismo afirma, lo esencial es “percibir el misterio en lo cotidiano”.
En estas imágenes, uno o dos elementos bastan para construir escenas cargadas de significado. El uso del blanco y negro —que el propio artista asocia a lo onírico y a ciertos recuerdos de la infancia— refuerza esa atmósfera suspendida, donde lo familiar se transforma en algo inquietante. Me encuentro, así, ante composiciones que rompen la lógica habitual: objetos que, al relacionarse de manera inesperada, abren nuevas lecturas y generan una sensación simultánea de cercanía y extrañeza.

Algunas de las obras incluidas en esta serie ilustran con claridad esta poética. Una jaula, motivo recurrente en su trayectoria, aparece abierta; las aves que han escapado se posan ahora sobre distintas geografías de un mapa, como si la libertad adquiriera una dimensión cartográfica. En otra imagen, un guante de cetrería sostiene no a un ave rapaz, sino a una delicada mariposa, alterando de forma sutil pero contundente nuestras expectativas. Estos desplazamientos simbólicos me hacen pensar que, para Madoz, los objetos nunca son del todo evidentes: incluso cuando parecen definidos por su uso o su nombre, conservan un margen de ambigüedad.
El propio artista lo explica con precisión: cada objeto lleva asociadas palabras y conceptos que dependen de su función o forma, pero al modificar su contexto o su relación con otros elementos, esos significados se multiplican. De este modo, sus imágenes abren grietas en la percepción y plantean una idea de realidad maleable, en constante transformación.
La exposición, abierta al público hasta el 10 de julio dentro de la programación Off de PHotoESPAÑA, no solo reafirma la vigencia de su propuesta, sino que también invita a detenerse y mirar con mayor atención. No es una experiencia inmediata: exige tiempo, una cierta disposición a la duda y al asombro.
Madoz, nacido en Madrid en 1958, es una figura central de la fotografía contemporánea española. Desde los años noventa ha desarrollado un lenguaje propio basado en el objeto cotidiano como eje conceptual. En 1999, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía le dedicó Objetos 1990–1999, la primera retrospectiva en vida de un fotógrafo español en esta institución. Un año después recibió el Premio Nacional de Fotografía y se convirtió, además, en el primer artista español galardonado con el Premio PhotoEspaña.
Su obra ha recorrido instituciones y centros de referencia tanto en España como en el extranjero, como la Real Sociedad Fotográfica, el Centro Pompidou, el Netherlands Photomuseum o el Fotofest International, entre otros. Además, este próximo mes de octubre inaugurará en la sala del Canal de Isabel II la exposición Manual de un distraído, una amplia selección de 94 fotografías realizadas entre 2015 y 2025.
Salgo de la muestra con la sensación de haber asistido no solo a una exposición, sino a una invitación a replantear la mirada: a aceptar que lo cotidiano, observado con la atención adecuada, puede revelar capas inesperadas de significado.

