Si contemplar únicamente dos fotografías en la exposición de Tanit Plana ya me había dejado desconcertado, mi sorpresa fue aún mayor al visitar la propuesta de PHotoEspaña instalada en el Museo Nacional de Artes Decorativas. Allí no encontré dos imágenes, ni una, ni media: sencillamente no había ninguna fotografía. Ninguna.
La situación me hizo recordar una experiencia profesional de hace años. Durante una etapa de mi carrera me dediqué a informar sobre danza, una disciplina que nunca ha figurado entre las artes escénicas con mayor respaldo popular. Aun así, contaba con un público fiel y conseguía mantenerse a flote gracias a un ecosistema frágil pero funcional, apoyado en pequeñas subvenciones públicas. Sin embargo, llegó un momento en que las administraciones decidieron ampliar el concepto de danza e incluir bajo esa misma etiqueta otras manifestaciones artísticas, entre ellas la performance. Aquella decisión diluyó las fronteras de la disciplina y modificó sustancialmente el panorama del sector.
Al recorrer esta exposición de PHotoEspaña tuve la sensación de estar asistiendo a un proceso parecido, esta vez aplicado a la fotografía. Lo que se exhibe en las salas del museo no son imágenes fotográficas, sino principalmente textiles, telas cosidas, tapices, banderas, collages confeccionados con distintos materiales y otros objetos de carácter artesanal. Sobre su calidad estética o artística prefiero no pronunciarme, ya que no poseo los conocimientos necesarios para emitir un juicio sólido en ese terreno. Lo que sí puedo afirmar es que, en una muestra integrada en un festival internacional dedicado a la fotografía, resulta llamativo que no haya una sola fotografía expuesta.
La justificación oficial, he preguntado [ver vídeo 1], reside en la trayectoria de la autora. La artista invitada es Gema Polanco (Valencia, 1992), cuya formación y práctica profesional están vinculadas a la fotografía. Ese es el argumento al que se ha aferrado la dirección del festival para defender la inclusión de la muestra dentro de la programación de PHotoEspaña. Sin embargo, para cualquier visitante que acuda esperando encontrarse con obras fotográficas, la experiencia puede resultar desconcertante.
La exposición, titulada Toda mi casa es un altar, puede visitarse entre el 13 de junio y el 25 de octubre de 2026 en el Museo Nacional de Artes Decorativas. Se trata de una intervención concebida específicamente para la segunda planta del edificio, donde Polanco transforma los espacios del museo en un territorio íntimo y simbólico. Su propuesta establece un diálogo entre la arquitectura histórica, las colecciones permanentes y una serie de piezas contemporáneas elaboradas principalmente con materiales textiles.
El proyecto parte de una pregunta que la artista plantea como eje conceptual: qué convierte una casa en un hogar y qué elementos hacen que un espacio merezca cuidado, memoria o incluso una cierta forma de devoción. El recorrido comienza con un gran tapiz suspendido en la escalera principal, concebido como una puerta de entrada al universo creativo de la autora. A partir de ese punto aparecen banderas, trajes, amuletos, talismanes y collages que buscan transformar la percepción de los objetos cotidianos y resaltar su posible dimensión simbólica o espiritual.
Según la propuesta curatorial, Polanco trabaja desde una relación muy estrecha con los procesos artesanales, el aprendizaje autodidacta y los lenguajes de la cultura popular. Su aproximación a los textiles y a los oficios manuales se desarrolla de forma intuitiva, incorporando técnicas aprendidas, adaptadas o incluso inventadas durante el propio proceso creativo. El resultado es una convivencia entre las obras contemporáneas y las piezas patrimoniales del museo, en la que ambos elementos parecen influirse mutuamente.
La muestra propone que la vivienda deje de entenderse únicamente como un espacio funcional para convertirse en un lugar de rituales cotidianos, recuerdos y significados ocultos. Cada objeto puede ser interpretado como refugio, ofrenda, promesa o símbolo. El visitante es invitado a cruzar ese umbral y a replantearse la relación que mantiene con las cosas que le rodean.
Ahora bien, más allá de los méritos que pueda tener el proyecto artístico, la cuestión que inevitablemente me surge es otra: si una exposición integrada en PHotoEspaña puede prescindir por completo de la fotografía, ¿hasta dónde se están ampliando los límites de aquello que seguimos llamando fotografía? La pregunta, más que la exposición en sí misma, es quizá lo que me llevé conmigo al salir del museo.
Texto Foto y vídeo Emilio Tenorio
